domingo, 20 de febrero de 2011

Lluvia

Caminaba por las calles, buscando un nuevo lugar para vivir, tocando puertas y sin encontrar lo que buscaba, cuando bajo la luz improbablemente dorada de la tarde que se moría, empezó a llover, y el agua se derramó por el suelo y llenó el aire de un olor de renovación, no se por qué, pero de repente tuve unos grandes deseos de caminar bajo esa lluvia y de sentir la frescura que me llenaba y que rápidamente empapaba todo mi cuerpo, de un momento a otro me sentí feliz, completa y totalmente feliz, todo lo que había visto tantas veces se volvió nuevo, la calle, la casa y la habitación poco querida en la que vivía se vieron tan desconocidas y tan acogedoras al mismo tiempo como si acabara de ser colocado en este mundo como un extraterrestre.

No tengo idea de que pasó, pero a medida que la lluvia se va calmando y pareciera que todo el universo empieza a reposar y a asentarse luego de que lo hubieran sacudido fuertemente, no puedo sacarme de la cabeza la idea de que momentos sublimes como estos son en los que nacen los dioses de los hombres.

Y la lluvia terminó.

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