domingo, 20 de febrero de 2011

Lluvia

Caminaba por las calles, buscando un nuevo lugar para vivir, tocando puertas y sin encontrar lo que buscaba, cuando bajo la luz improbablemente dorada de la tarde que se moría, empezó a llover, y el agua se derramó por el suelo y llenó el aire de un olor de renovación, no se por qué, pero de repente tuve unos grandes deseos de caminar bajo esa lluvia y de sentir la frescura que me llenaba y que rápidamente empapaba todo mi cuerpo, de un momento a otro me sentí feliz, completa y totalmente feliz, todo lo que había visto tantas veces se volvió nuevo, la calle, la casa y la habitación poco querida en la que vivía se vieron tan desconocidas y tan acogedoras al mismo tiempo como si acabara de ser colocado en este mundo como un extraterrestre.

No tengo idea de que pasó, pero a medida que la lluvia se va calmando y pareciera que todo el universo empieza a reposar y a asentarse luego de que lo hubieran sacudido fuertemente, no puedo sacarme de la cabeza la idea de que momentos sublimes como estos son en los que nacen los dioses de los hombres.

Y la lluvia terminó.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Thomas

Thomas había presenciado la escena que ahora vivía, no por un incidente sobrenatural, sino mas bien porque a Thomas le gustaba imaginar cosas, así en las noches se entregaba unas veces a protagonizar un fortuito encuentro romántico con sus actrices favoritas del teatro Paradise, otras a la proeza de retornar a su natal Sunderland cargando el trofeo del British Open y entregándole a su amor inalcanzable, Sarah, la pelota con la que había completado de forma épica el hoyo 18 del Prestwick Golf Club, y en otra ocasión, cuando su febril imaginación empezaba a fundirse con un lóbrego sueño, se había visto ahí, a las afueras de la imprenta de John MacArthur, interpretando el papel del suntuoso magnate en un momento y corriendo por su vida al siguiente, una vez se hubo sumido en la bruma de la pesadilla.

Tal vez aquel entresueño premonitorio llevó a Thomas a pensar que en una carrera por su vida sus piernas se moverían tan rápido como nunca y la adrenalina inyectaría energía a sus músculos y aire a sus pulmones, sin embargo sus piernas obesas apenas se arrastraban por sobre los adoquines, y para el momento en que el cuchillo oxidado le dio caza por primera vez, ya su silbante respiración de asmático resonaba en el ambiente mudo de un callejón solitario.

De esa forma, y contrario a su primera experiencia, al contacto del metal no le siguió un despertar sudoroso sobre su colchón de ermitaño, sino un dolor tan agudo como el que nunca había sentido y que casi opacaba por completo la tibia sensación que producía la sangre al brotar de su pecho, ahora Thomas no despertaba para soñar a posta con la gloria, dormía para sumergirse en la eterna inconsciencia en una fosa donde años después se levantaría la segunda imprenta de John MacArhur.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Suiyōbi

Abrió su pecho y la miró a los ojos.
-Atraviésalo.

Lo empezó a acariciar.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Nunca más

Un cuervo picando la frente del viejo Jak.
Un cuervo que emite su graznido y luego se queda quieto.
Un cuervo que rompe la piel y sigue picoteando.

A lo mejor si el viejo Jak se moviera, el cuervo echaría a volar y dejaría de picarle la frente; pero el viejo Jak es un espantapájaros.

Cuello Blanco

Erase una vez un caballero que sonreía.

Se sonreía a sí mismo cada mañana ante el espejo.

Sonreía a la señora de la esquina que todos los días le vendía una cajita de mentas.

Sonreía al portero al entrar en el edificio de oficinas, siempre con el periódico bajo el brazo y los dientes viejos bajo el bigote gris.

Sonreiría aquel día una vez más, al abrir la puerta del despacho de su jefe y estrellarse contra su cara seria al lado de la del contador de la empresa.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Vida

Un rayo de luz atravesó las nubes grises que cubrían el cielo, luego otra y otra mas, el día adquirió de repente un tono brillante con la luz y los reflejos del agua de la tormenta que acababa de transcurrir.

Rápidamente las nubes comenzaron a despejarse y la vida que parecía haber quedado sumida en un letargo bajo el temporal, empezó a revivir poco a poco; se oían trinos de pájaros, algunos ladridos de perros y las alas negras de los buitres volvían a verse cortando el viento con sus alas, trazando círculos sobre el firmamento, como un mudo recordatorio de lo que había sucedido.

Sobre la tierra el agua mezclada con la sangre negra formaba pequeñas y saltarinas cascadas resplandecientes, el concierto de una cantidad infinita de mandíbulas de perros, chacales, osos, buitres y cuervos congregados allí, se alzaba al cielo como una plegaria de agradecimiento por el maná carnívoro que les había sido regalado.

El brillo del rocío que bañaba los metales empezaba desaparecer a medida que el sol iba secando las gruesas gotas de lluvia que habían quedado atrapadas en el filo de las armas, y entonces, como el segundo acto de esta sinfonía de vida,.empezaron a oírse las notas de las millones de alas membranosas que comenzaban su danza en el aire, revoloteando, dando giros y llenando todo el espacio con el rumor enconado y constante de sus zumbidos.

El sol brillaba y la vida continuaba, reanimada por este regalo, el sol también brillaría al día siguiente y al siguiente, una vez mas por los siglos de los siglos, y los huesos serían limpiados de la carne y dispersados, y las armas lentamente enrojecerían y serían disueltas en la tierra, y todo cuanto fue obra de los hombres sería tragado por la tierra de la cual salieron y no quedaría por parte de ellos mas que el mudo silencio de sus huesos enterrados en el barro.