jueves, 16 de diciembre de 2010

Vida

Un rayo de luz atravesó las nubes grises que cubrían el cielo, luego otra y otra mas, el día adquirió de repente un tono brillante con la luz y los reflejos del agua de la tormenta que acababa de transcurrir.

Rápidamente las nubes comenzaron a despejarse y la vida que parecía haber quedado sumida en un letargo bajo el temporal, empezó a revivir poco a poco; se oían trinos de pájaros, algunos ladridos de perros y las alas negras de los buitres volvían a verse cortando el viento con sus alas, trazando círculos sobre el firmamento, como un mudo recordatorio de lo que había sucedido.

Sobre la tierra el agua mezclada con la sangre negra formaba pequeñas y saltarinas cascadas resplandecientes, el concierto de una cantidad infinita de mandíbulas de perros, chacales, osos, buitres y cuervos congregados allí, se alzaba al cielo como una plegaria de agradecimiento por el maná carnívoro que les había sido regalado.

El brillo del rocío que bañaba los metales empezaba desaparecer a medida que el sol iba secando las gruesas gotas de lluvia que habían quedado atrapadas en el filo de las armas, y entonces, como el segundo acto de esta sinfonía de vida,.empezaron a oírse las notas de las millones de alas membranosas que comenzaban su danza en el aire, revoloteando, dando giros y llenando todo el espacio con el rumor enconado y constante de sus zumbidos.

El sol brillaba y la vida continuaba, reanimada por este regalo, el sol también brillaría al día siguiente y al siguiente, una vez mas por los siglos de los siglos, y los huesos serían limpiados de la carne y dispersados, y las armas lentamente enrojecerían y serían disueltas en la tierra, y todo cuanto fue obra de los hombres sería tragado por la tierra de la cual salieron y no quedaría por parte de ellos mas que el mudo silencio de sus huesos enterrados en el barro.

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